La IA no debería cambiar nuestro objetivo
Cada vez que publicamos un vídeo en Eres un Cuentista aparece algún comentario sobre la inteligencia artificial. Unos hablan de su impacto ambiental. Otros de la posible destrucción de empleo. También hay quien considera que utilizar IA es incompatible con amar la cultura, la historia o el trabajo creativo.
Entendemos esas preocupaciones. Son legítimas. Estamos viviendo una revolución tecnológica comparable a la llegada de Internet o del ordenador personal. Es normal que genere dudas.
Pero creemos que el debate suele empezar por la pregunta equivocada.
El problema no es la herramienta. Es el objetivo.
Vivimos en una época en la que muchos proyectos parecen medir su éxito exclusivamente por el número de seguidores, las visualizaciones o el tiempo de permanencia.
Nosotros no empezamos Eres un Cuentista para conseguir seguidores.
Empezamos porque disfrutamos investigando, aprendiendo y encontrando formas diferentes de explicar la historia. Si algún día llegamos a cien mil personas, será una enorme satisfacción, pero únicamente porque significará que nuestro trabajo ha conseguido despertar la curiosidad de más gente.
Los seguidores nunca deberían ser el objetivo.
Deberían ser la consecuencia.
Y esa diferencia cambia completamente la manera de utilizar la inteligencia artificial.
Porque la IA amplifica aquello que ya eres.
Si tu objetivo es producir cincuenta vídeos al día para alimentar un algoritmo, probablemente la utilizarás así.
Si tu objetivo es contar una historia mejor, también puede ayudarte.
La herramienta es la misma. La intención no.
Una bicicleta para la mente
Steve Jobs definió el ordenador como "una bicicleta para la mente".
La expresión nos parece brillante porque resume perfectamente lo que una buena herramienta debería hacer: no sustituir el pensamiento, sino aumentar nuestras capacidades.
La inteligencia artificial no investiga por nosotros.
No consulta bibliografía.
No compara fuentes.
No detecta una contradicción histórica.
No decide qué detalles son relevantes para explicar un acontecimiento.
Todo eso sigue dependiendo de las personas.
En nuestro caso, cada vídeo comienza mucho antes de abrir una herramienta de IA. Empieza leyendo, contrastando información, escribiendo un guion, planificando escenas, pensando el ritmo narrativo y decidiendo cómo transmitir una idea de la forma más clara posible.
La IA llega después.
Y nunca al revés.
La creatividad también implica responsabilidad
Existe otro debate que nos parece igualmente importante: el impacto ambiental.
No tiene sentido ignorarlo.
Generar imágenes y vídeos consume recursos computacionales y energía. Precisamente por eso creemos que quienes utilizamos estas herramientas también tenemos la responsabilidad de hacerlo con criterio.
En nuestro proceso intentamos aplicar una idea muy sencilla: pensar más para generar menos.
Antes de pedir una imagen o una secuencia de vídeo procuramos tener claro el encuadre, el ángulo de cámara, la composición, el momento histórico y el propósito narrativo de esa escena.
No buscamos generar cien alternativas para escoger una.
Intentamos generar únicamente las necesarias.
Después llega un trabajo que continúa siendo completamente manual: seleccionar, descartar, montar, ajustar el ritmo, corregir errores, revisar detalles históricos y construir una narración coherente.
Creemos que ese también debería formar parte del debate sobre la IA: no solo cuánta tecnología utilizamos, sino cómo la utilizamos.
La historia demuestra que las herramientas cambian. La creatividad permanece.
Cada revolución tecnológica ha despertado el temor de que desaparecerían profesiones enteras.
📷 La fotografía parecía condenar a la pintura.
💻 El ordenador parecía condenar al diseño gráfico tradicional.
🛜 Internet parecía acabar con las bibliotecas y los medios de comunicación.
La realidad fue bastante más compleja.
Las profesiones cambiaron. Aparecieron otras nuevas. Y las personas tuvieron que adaptarse.
Eso no significa que el cambio sea sencillo ni que no existan riesgos. Los hay, y debemos afrontarlos con honestidad.
Pero tampoco creemos que la solución sea rechazar cualquier herramienta nueva por el mero hecho de ser nueva.
La historia nos enseña que la tecnología, por sí sola, nunca determina el resultado.
Lo determinan las personas.
La pregunta importante
Quizá la conversación debería dejar de centrarse únicamente en si utilizamos inteligencia artificial.
La pregunta realmente importante es otra:
¿Para qué la utilizamos?
¿Para producir contenido en serie sin aportar valor?
¿O para dedicar más tiempo a investigar, aprender y explicar mejor una historia?
En Eres un Cuentista tenemos clara nuestra respuesta.
No queremos que la inteligencia artificial piense por nosotros.
Queremos que nos permita dedicar más tiempo a lo que realmente aporta valor: investigar, crear y contar historias que merezcan ser recordadas.
Porque, al final, ninguna herramienta puede sustituir aquello que sigue siendo exclusivamente humano: el criterio para decidir qué historia merece ser contada y por qué merece la pena escucharla.
Román Galera

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